Libros · El arte de tener razón
Ardid 18
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En la primera edición esto es UN SOLO ardid, el decimoséptimo, corrido de punta a punta: del «cortar la discusión» a la desviación de Escipión, sin costura. El manuscrito los tenía separados, con los números 18 y 29 —que son los que conservan las ediciones modernas—, pero Schopenhauer los marcó después para fundirse, y su primer editor lo dice con todas las letras en la nota de la p. 14 de 1864. La cicatriz de la partición moderna se ve a simple vista: al ardid 18 le tuvieron que colgar un «(véase el ardid 29)» que el impreso no necesita, y al 29 le tuvieron que inventar una frase de arranque. Aquí se sigue al impreso —que aquí es seguir al autor— y se conserva el número 18 en el título, porque es como se busca la obra. Se explica en la descripción.
Si advertimos que el adversario ha echado mano de una argumentación con la que va a vencernos, no hay que dejar que la cosa llegue a ese punto, no hay que dejarle llevarla hasta el final, sino interrumpir a tiempo el curso de la disputa, salirse de ella o desviarla y llevarla a otras proposiciones: en resumen, provocar una mutatio controversiae, hacer una desviación; es decir, empezar de golpe con algo enteramente distinto, como si perteneciera al asunto y fuera un argumento contra el adversario. Esto se hace con cierta modestia cuando la desviación todavía toca de algún modo el thema quaestionis; con descaro, cuando solo va contra el adversario y no habla en absoluto del asunto.
Ejemplo. Yo elogiaba que en China no haya nobleza de nacimiento y que los cargos se den solo por examen. Mi adversario sostuvo que la erudición no capacita para los cargos más que las ventajas del nacimiento, de las que él tenía buena opinión. La cosa se le puso mal. En seguida hizo la desviación: que en China se castiga a todas las clases con la bastonada, cosa que puso en relación con el mucho beber té, y reprochó a los chinos las dos. Quien se pusiera a entrar en todo eso se habría dejado desviar y habría soltado de las manos la victoria ya ganada.
Descarada es la desviación cuando abandona del todo la cosa en cuestión y arranca, por ejemplo, con: «sí, y así sostenía usted también el otro día tal cosa». Porque entonces pertenece en cierto modo al «ponerse personal», del que se hablará en el último ardid. Es, con exactitud, un grado intermedio entre el argumentum ad personam, que allí se tratará, y el argumentum ad hominem.
Hasta qué punto este ardid es como innato lo muestra cualquier riña entre gente ordinaria: cuando uno le hace al otro reproches personales, este no responde refutándolos, sino con reproches personales al primero, dejando en pie los que le han hecho a él, o sea concediéndolos en cierto modo. Hace como Escipión, que no atacó a los cartagineses en Italia, sino en África. En la guerra, una desviación así puede servir a veces. En la riña es mala, porque uno deja en pie los reproches recibidos y el que escucha se entera de todo lo malo de las dos partes. En la disputa se usa faute de mieux, a falta de algo mejor.
[Nota de traducción: la palabra de Schopenhauer es «Diversion», en su sentido militar —la maniobra que distrae al enemigo de donde está la batalla de verdad, como el desembarco de Escipión en África—. En español «diversión» ya no se lee así, y por eso decimos «desviación». La imagen que él quiere es esa: no se responde al ataque, se lo lleva a otra parte.]
El arte de tener razón, de Arthur Schopenhauer (1788-1860). Traducción del alemán de Anthony Cazares, con Claude, 2026.
El original está en dominio público. Esta traducción se publica bajo CC BY-NC 4.0: se puede copiar y reusar citando la fuente, sin uso comercial.