Libros · El arte de tener razón
Preámbulo, 1
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Esto es el comienzo del tratado en la primera edición (1864, pp. 3-4). No está en Projekt Gutenberg-DE, que es el texto con el que trabaja casi todo el mundo en alemán por internet: allí solo sobrevive, al final del libro y rotulado como «fragmento», un trozo de estas dos páginas. Se traduce desde el impreso.
Lógica y dialéctica fueron ya usadas por los antiguos como sinónimas, aunque logízesthai —meditar, reflexionar, calcular— y dialégesthai —conversar— son dos cosas muy distintas.
Ese uso de las palabras lógica y dialéctica como sinónimas se conservó también en la Edad Media y en la época moderna, hasta hoy. Pero en los últimos tiempos, y sobre todo Kant, se ha usado a menudo «dialéctica» en mal sentido, como «arte sofístico de disputar», y por eso se ha preferido el nombre de «lógica», que parece más inocente. Sin embargo, las dos significan de origen lo mismo, y en los últimos años han vuelto a tenerse por sinónimas.
Es una lástima que «dialéctica» y «lógica» se hayan usado desde antiguo como sinónimas, porque no me deja del todo libre para separar sus significados como yo querría, y definir «lógica» —de logízesthai, meditar, calcular; de lógos, palabra y razón, que son inseparables— como «la ciencia de las leyes del pensar, es decir, del modo de proceder de la razón»; y «dialéctica» —de dialégesthai, conversar; y toda conversación comunica o hechos o pareceres, es decir, es histórica o deliberativa— como «el arte de disputar», tomada esta palabra en su sentido moderno.
Está claro que entonces la lógica tendría un objeto determinable de manera puramente a priori, sin mezcla empírica: las leyes del pensar, el modo de proceder de la razón, el del lógos, que la razón sigue cuando se la deja a sí misma y sin estorbo, es decir, en el pensar solitario de un ser racional al que nada lo extraviara. La dialéctica, en cambio, trataría de la comunidad de dos seres racionales que, por lo tanto, piensan juntos; de lo cual, en cuanto no coinciden como dos relojes que marchan igual, sale una disputa, es decir, una lucha del espíritu. Como razón pura, los dos individuos tendrían que coincidir. Sus divergencias nacen de la diferencia que es esencial a la individualidad, y son por tanto un elemento empírico.
Nota. En su manuscrito «Adversaria» dice Schopenhauer: «Dialéctica es, etimológicamente, el arte de la conversación; pero como ninguna conversación sigue siendo entretenida mucho tiempo sin debate, la dialéctica pasa por su naturaleza a ser erística».
[Esta nota es del editor de 1864, no de Schopenhauer, y va al pie. Se conserva porque dice, en una línea, por qué el libro se llama como se llama.]
La lógica, ciencia del pensar, es decir, del modo de proceder de la razón pura, sería entonces construible de manera puramente a priori; la dialéctica, en gran parte solo a posteriori: a partir del conocimiento por experiencia de las perturbaciones que el pensar puro sufre, cuando dos seres racionales piensan juntos, por la diferencia de la individualidad; y de los medios que los individuos usan unos contra otros para hacer valer cada cual su pensar individual como el puro y objetivo.
Porque la naturaleza humana trae consigo que, cuando en el pensar en común —dialégesthai, es decir, comunicarse pareceres, excluidas las conversaciones históricas— A se entera de que los pensamientos de B sobre el mismo objeto se apartan de los suyos, A no revisa primero su propio pensar para encontrar el error, sino que lo supone en el pensar ajeno. Es decir: el hombre es por naturaleza porfiado, quiere tener razón. Y lo que se sigue de esa propiedad lo enseña la disciplina que yo llamaría dialéctica, pero que, para evitar malentendidos, quiero llamar «dialéctica erística». Sería, pues, la doctrina de esa porfía natural del hombre por tener razón. «Erística» sería solo una palabra más dura para la misma cosa.
[Nota de traducción: «Rechthaberei» es el sustantivo que sostiene todo el libro, y el español no tiene una palabra sola para él. No es «terquedad» —que es sobre la voluntad— sino la manía de tener razón: la necesidad de quedar por encima en el juicio. Lo damos como «porfía por tener razón», y donde el ritmo lo pide, «querer tener razón». Es también el título con que la obra se conoce en alemán: Die Kunst, Recht zu behalten, el arte de conservar la razón, de quedarse con ella.]
El arte de tener razón, de Arthur Schopenhauer (1788-1860). Traducción del alemán de Anthony Cazares, con Claude, 2026.
El original está en dominio público. Esta traducción se publica bajo CC BY-NC 4.0: se puede copiar y reusar citando la fuente, sin uso comercial.