Libros · El arte de tener razón
Ardid 2
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Servirse de la homonimia para extender la afirmación planteada también a aquello que, fuera de la misma palabra, poco o nada tiene en común con el asunto del que se habla; refutar entonces eso de manera palmaria, y darse así el aire de haber refutado la afirmación.
Nota. Sinónimos son dos palabras para el mismo concepto; homónimos, dos conceptos designados por la misma palabra. Véase Aristóteles, Tópicos, libro I, capítulo 13. Profundo, cortante, alto, usados unas veces de los cuerpos y otras de los sonidos, son homónimos; honrado y probo, sinónimos.
Puede considerarse este ardid idéntico al sophisma ex homonymia; sin embargo, el sofisma manifiesto de la homonimia no engaña de veras:
Omne lumen potest extingui. Intellectus est lumen. Intellectus potest extingui.
Aquí se advierte enseguida que hay cuatro términos: lumen entendido en sentido propio y lumen entendido en sentido figurado. Pero en los casos sutiles sí engaña, sobre todo cuando los conceptos designados por la misma expresión son afines y pasan el uno al otro. Los casos inventados a propósito nunca son lo bastante sutiles como para engañar; hay que recogerlos, pues, de la propia experiencia real.
Estaría muy bien poder darle a cada ardid un nombre corto y certero, con el cual, llegado el caso, se pudiera rechazar en el acto el uso de este o aquel ardid.
Ejemplo. Yo censuré por insensato el principio del honor, según el cual uno queda deshonrado por una ofensa recibida, a menos que la devuelva con una ofensa mayor, o la lave con sangre, la del adversario o la propia. Como razón alegué que el verdadero honor no puede ser lesionado por lo que uno padece, sino única y exclusivamente por lo que uno hace, pues a cualquiera puede sucederle cualquier cosa. El adversario me mostró de manera palmaria que, si a un comerciante se le imputara falsamente fraude, deslealtad o negligencia en su oficio, eso sería un ataque a su honor, que quedaría lesionado precisamente por lo que él padece, y que solo podría restablecer llevando a tal atacante al castigo y a la retractación.
Aquí, pues, deslizó por medio de la homonimia el honor civil —el que suele llamarse buen nombre, y que se lesiona por difamación— bajo el concepto del honor caballeresco —el que suele llamarse también point d'honneur, y que se lesiona por ofensas—. Y como un ataque al primero no debe dejarse sin respuesta, sino que hay que rechazarlo con una refutación pública, con el mismo derecho tampoco debería quedar sin respuesta un ataque al segundo, sino rechazarse con una ofensa mayor y con un duelo. Es decir: una mezcla de dos cosas esencialmente distintas por la homonimia de la palabra honor, y con ello una mutatio controversiae, lograda mediante la homonimia.
Al margen del manuscrito. A. Usted todavía no está iniciado en los misterios de la filosofía kantiana. B. Ay, donde hay misterios, de eso no quiero saber nada.
El arte de tener razón, de Arthur Schopenhauer (1788-1860). Traducción del alemán de Anthony Cazares, con Claude, 2026.
El original está en dominio público. Esta traducción se publica bajo CC BY-NC 4.0: se puede copiar y reusar citando la fuente, sin uso comercial.