Libros · El arte de tener razón

Ardid 36

La palabrería

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Aturdir, dejar pasmado al adversario con un torrente de palabras sin sentido. Se apoya en aquello de que

suele el hombre creer, con solo oír palabras, que algo habrá en ellas que pueda pensarse.

Si él es en su fuero interno consciente de su propia flaqueza, si está acostumbrado a oír muchas cosas que no entiende y a hacer como si las entendiera, entonces se le puede imponer soltándole con cara seria un sinsentido de son erudito o profundo, que le quite el oír, el ver y el pensar, y dándolo por la prueba más indiscutible de la propia tesis. Es sabido que en tiempos recientes algunos filósofos han aplicado este ardid, ante el público alemán entero, con el más brillante éxito. Pero como exempla odiosa sunt, tomemos un ejemplo más viejo, del Vicario de Wakefield de Goldsmith, capítulo 7.

[Nota de traducción: los dos versos son de Goethe, Fausto I, y los dice Mefistófeles al estudiante, justo cuando le está enseñando a impresionar con palabras. Schopenhauer los cita sin decir de dónde son: en su siglo no hacía falta.]

[Cotejo: la primera edición cita «Goldsmiths Vicar of Wakefield, p. 34»; los textos modernos corrigen a «capítulo 7», que es donde está la escena de la disputa. Se sigue la corrección moderna.]

El arte de tener razón, de Arthur Schopenhauer (1788-1860). Traducción del alemán de Anthony Cazares, con Claude, 2026.

El original está en dominio público. Esta traducción se publica bajo CC BY-NC 4.0: se puede copiar y reusar citando la fuente, sin uso comercial.