Libros · El arte de tener razón
Ardid 4
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En la primera edición esto es UN SOLO ardid, el cuarto, con dos medios: a) y b). El manuscrito los tenía separados, con los números 4 y 5 —que son los que conservan las ediciones modernas, y por eso tienen que añadirle al segundo el encabezado «pertenece al anterior»—, pero Schopenhauer los marcó después para fundirse, y su primer editor lo dice con todas las letras en la nota de la p. 14 de 1864. Esa fusión, y la del 18 con el 29, son las que explican los 36 del impreso frente a los 38 modernos. Aquí se sigue al impreso —que aquí es seguir al autor— y se conserva la numeración moderna en el título, porque es como se busca la obra. Todo ello se explica en la descripción.
No admitir premisas verdaderas porque se prevé la consecuencia. Contra eso hay dos medios.
a) Cuando se quiere sacar una conclusión, no hay que dejar que se prevea: hágase admitir las premisas una a una y dispersas en la conversación, sin que se note; de otro modo el adversario intentará toda clase de argucias. O bien, si es dudoso que el adversario las conceda, plantéense las premisas de esas premisas; hágase prosilogismos; hágase admitir sin orden, mezcladas, las premisas de varios de esos prosilogismos, tapando así el propio juego, hasta que esté concedido todo lo que se necesita. Tráigase, pues, el asunto desde lejos. Estas reglas las da Aristóteles, Tópicos, libro VIII, capítulo 1. No necesita ejemplo.
b) Para probar la propia proposición pueden usarse también premisas falsas, cuando el adversario no admitiría las verdaderas, sea porque no ve su verdad, sea porque ve que de ellas se seguiría en el acto la tesis. Tómense entonces proposiciones que en sí son falsas, pero que son verdaderas ad hominem, y arguméntese desde el modo de pensar del adversario, ex concessis. Porque lo verdadero puede seguirse también de premisas falsas, aunque nunca lo falso de premisas verdaderas.
Del mismo modo pueden refutarse proposiciones falsas del adversario mediante otras proposiciones falsas que él, sin embargo, tiene por verdaderas: porque es con él con quien se trata, y hay que usar su modo de pensar. Por ejemplo: si es partidario de alguna secta con la que no estamos de acuerdo, podemos usar contra él las sentencias de esa secta como principia. Aristóteles, Tópicos, libro VIII, capítulo 9.
El arte de tener razón, de Arthur Schopenhauer (1788-1860). Traducción del alemán de Anthony Cazares, con Claude, 2026.
El original está en dominio público. Esta traducción se publica bajo CC BY-NC 4.0: se puede copiar y reusar citando la fuente, sin uso comercial.